Psicología e hipnosis en el tratamiento del dolor. Martha Martín Carbonell

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Название Psicología e hipnosis en el tratamiento del dolor
Автор произведения Martha Martín Carbonell
Жанр Документальная литература
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Издательство Документальная литература
Год выпуска 0
isbn 9789587602609



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1985; González-Ordi, 2015).

      Se han conceptualizado como métodos primitivos de inducción hipnótica el uso del canto rítmico, la música, el baile, palmadas monótonas, toques de tambor, etc. Se asume que generalmente tienen como finalidad favorecer los estados místicos y el éxtasis religioso (González-Ordi, 2015). Muchas de esas prácticas mágico-religiosas se mantienen en la actualidad –lo que sin duda ha contribuido a la mistificación de la hipnosis–, y están particularmente vigentes en la cultura latinoamericana. Otros autores rechazan de plano cualquier comparación de la hipnosis con tales rituales (Spanos y Chaves, 1991), en la medida en que estos reflejan pautas culturales y funciones ceremoniales con objetivos muy diferentes a las de la hipnosis actual. Es más, nótese que el término trance, que se usa como sinónimo de estado hipnótico, también se utiliza para referir el estado de éxtasis místico descrito en múltiples textos religiosos.

      Sin embargo, un momento importante para intentar una explicación científica de la hipnosis suele situarse en Viena, con la publicación de los trabajos de Franz Anton Mesmer (1734-1815), quien en 1779 expuso los resultados de sus investigaciones en Memoria sobre el descubrimiento del magnetismo animal. Según esta obra, existe un fluido sutil en el universo que actúa como un medio de unión entre los hombres, así como entre estos y la tierra, y entre la tierra y los demás cuerpos celestiales. La enfermedad se originaría por una desigual distribución del fluido en el cuerpo humano y la recuperación se obtendría al restaurar el equilibrio. Mediante técnicas especiales, ese fluido podría ser canalizado, almacenado y trasmitido a otras personas, con el objeto de provocar “crisis” y curar las enfermedades por medio de “pases de manos magnéticos o energéticos”. Mesmer sostenía que el magnetismo obedecía a leyes similares a las de la electricidad, y, por esa razón, pensaba que tal fluido poseía polos, corrientes, descargas, conductores, aisladores y acumuladores, e ideó la “cubeta (baquet) magnética”, a fin de concentrar el fluido y aplicarlo en grupos de enfermos. El médico alemán utilizó sus técnicas para el tratamiento del dolor, entre otros trastornos (Chaves y Dworkin, 1997).

      En 1785 se pidió al gobierno francés que nombrara varias comisiones de investigación compuestas por médicos y científicos, cuyos informes fueron desfavorables para su teoría y su práctica. Así terminó la carrera de Mesmer, quien abandonó Francia llevando consigo una fortuna que había “atraído magnéticamente” (García, en preparación). Sin embargo, Mesmer se inmortalizó y se convirtió en el eslabón histórico que enlaza las teorías antiguas y modernas del estado hipnótico. Llamó la atención del mundo occidental de la época hacia la existencia de un modo terapéutico que antes solo estuvo reservado para sacerdotes, hechiceros y magos. A partir de ese momento, puede rastrearse en la literatura científica el interés por el uso de la hipnosis para el control del dolor.

      Entre otras figuras destacadas del “mesmerismo”, se halla el abate José Custodio de Faria (1756-1819), quien abrió en París un gabinete de magnetizador donde inició un curso público de “sueño lúcido”, con el cual cambió la manera en que la historia se refería al magnetismo. Retiró los imanes, las varas de hierro, los tubos de roble y la música, y re-descubrió (ya que antes lo había descubierto la segunda comisión de investigación sobre Mesmer), que el mesmerismo no tenía nada que ver con fuerzas externas actuando sobre la persona, sino con cuán receptiva era esta a la técnica de inducción. Se opuso al mesmerismo y al concepto de fluido magnético. Su sueño lúcido era una especie de sugestión terapéutica, a la cual le veía aplicaciones para la anestesia quirúrgica. Para él, solo algunos individuos eran susceptibles de adormecerse artificialmente, y a estos los llamó epoptes naturales (del griego epopte, “el que ve todo al descubierto”). En 1816 fue víctima de una burla pública, y se consagró a la redacción de su tratado De la cause du sommeil lucide ou étude de la nature de l’homme, cuya publicación pasó inadvertida. Más tarde, Bernheim, Gilles de la Tourette y Janet, sabrían reconocerle su papel como predecesor del método de la hipnosis por sugestión (García, en preparación).

      Asimismo, entre los reportes tempranos del uso del “mesmerismo” para el control del dolor, sobresalen los trabajos de John Elliotson (1791–1868), y de James Esdaile (1808-1859). Elliotson era profesor de medicina del University College Hospital de Londres. Había estudiado mesmerismo con un discípulo del abate Faria, y experimentó con el “sueño magnético” para la cirugía mayor en numerosos casos. Fundó una revista, The Zoist, y un hospital mesmérico (Gezundhajt, 2007).

      El cirujano James Esdaile (1808-1859) fue colaborador de Elliotson en esta revista. En 1845, a cargo de un hospital en la India, Esdaile fue pionero en el uso de la analgesia quirúrgica mediante el “mesmerismo”, lo cual coincidió con el descubrimiento del cloroformo. Un comité gubernamental valoró favorablemente su trabajo, por lo que ganó el aprecio de la población nativa. La proporción de mortalidad para la cirugía mayor en ese momento era aproximadamente del 50 %, pero en las 161 operaciones hechas por el Dr. Esdaile usando técnicas hipnóticas, la mortalidad bajó a solo el 5 %, sin ningún caso de complicaciones como resultado inmediato de la cirugía (García, en preparación). Publicó luego el panfleto The Introduction of Mesmerism as an Anaesthetic and Curative Agent into the Hospitals of India, pero a pesar de su éxito, tropezó con la oposición de los partidarios del cloroformo y de la Iglesia (Gezundhajt, 2007). Esto, probablemente, porque sus informes también fueron exagerados, tal y como demostró el propio comité gubernamental (Chaves y Dworkin, 1997).

      El debate entre la anestesia farmacológica y la hipnótica fue especialmente agudo en esta época, ya que tenía como telón de fondo la “batalla de ideas” entre la naciente modernidad y el pensamiento medieval. Con respecto al dolor, en la Alta Edad Media se tenía una concepción dual, pues era visto como medio de castigo y redención. Desde la profesión médica, también existía ambivalencia sobre si debía intentar su alivio durante una intervención quirúrgica, ya que las quejas y referencias del paciente servían de guía para la intervención (Chaves y Dworkin, 1997).

      La victoria de la anestesia farmacológica sobre la hipnótica se debió más a consideraciones políticas que científicas, pues al inicio no había evidencias claras de la anestesia inhalante; tanto el mesmerismo, como el óxido nitroso, fueron utilizados de manera teatralizada y como espectáculos circenses (Rey, 1993). De acuerdo con Chaves y Dworkin, “el pivote de estas consideraciones políticas se relacionaba con las implicaciones de estos métodos para la naturaleza de la relación médico-paciente” (1997, p. 7).

      En esencia, tal como indican estos autores, el éxito de la anestesia inhalante se podía medir de manera más “objetiva” que el de la anestesia mesmérica, la cual depende del reporte del paciente (algo que al gremio de los médicos le interesaba pues reforzaba su posición de poder). Este interés se mantiene hasta nuestros días, y se evidencia en la búsqueda de indicadores psicofisiológicos de la anestesia hipnótica, sobre todo en el campo de la investigación.

      El sueño lúcido de Faria culminó con la hipótesis de Braid del sueño nervioso. Fue John Braid –a quien muchos consideran como el “padre” de la hipnosis científica–, quien propuso el término hipnosis, el cual deriva del nombre del dios griego Hipnos, que significa “sueño”. Dado que Braid era reconocido por la profesión médica, la hipnosis ganó respetabilidad. Fue el primero en proponer un método de auto-hipnosis para el alivio del dolor basado en la fijación de la mirada (Weitzenhoffer, 1989).

      De 1880 en adelante, se inició la investigación científica sistemática de la hipnosis en Francia. Casi simultáneamente, se fundaron la Escuela de Nancy y la Salpêtrière. Fue en la Salpêtrière donde Freud se inició en la hipnosis, y se plantaron las semillas que más tarde darían fruto en el psicoanálisis. Sin embargo, el propio Freud hizo una serie de objeciones a la hipnosis que perjudicaron su naciente aceptación en los medios académicos. Algunos de esos criterios, insostenibles en la actualidad, planteaban que los resultados terapéuticos eran poco duraderos, y el hipnotismo, una técnica no causal. Durante casi dos decenios la hipnosis quedó relegada en beneficio del psicoanálisis, con excepción de su uso en la Unión Soviética.

      Ya en las primeras décadas del siglo xx, el fisiólogo y Premio Nobel Iván Petróvich Pávlov (1849-1936), consideraba al estado hipnótico una condición de “inhibición