Conozcamos lo nuestro - The Gauchos's Heritage. Enrique Rapela

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Название Conozcamos lo nuestro - The Gauchos's Heritage
Автор произведения Enrique Rapela
Жанр Документальная литература
Серия
Издательство Документальная литература
Год выпуска 0
isbn 9789500211604



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what comes from overseas, rejecting the Latin Hispanic origin, repeated.

      The gaucho, who inherited everything from the Spaniard people, crashed with the man from the city who did not understand him, and backed with energy the urban man who did not look down on him, and did not try to demonstrate ostensively their different way of living.

      We will see how and why they wore this or that piece of clothing, its origin and adaptation. How and why tacks are different in each part of such a vast country. Their way to work with a horse, the way to deal with cattle and sheep; and what draws more attention is the intelligence they showed when they created the different ways to use “the ropes” to master the horse.

      All this and many other things concerning the life of our ancestors will be seen in this work. In this way, we will have a pretty large view of all of it, and we will add to this an overview of the customs and habits of the indigenous people, those brave owners of the land they defended with courage and pride fighting against the gaucho, who was the first instrument the “illustrated people” used to free those vast extensions of rich land that passed to them without risking anything but the blood of these great gauchos. I want to believe that this modest work will be useful so that many readers will not have to remain silent when they should answer questions about customs and habits of our countryside, but, mainly, it is a tribute I pay to the gaucho with this work The Gaucho’s Heritage.

      ENRIQUE RAPELA

      PRIMERA PARTE

      El gaucho

      El gaucho, el hombre poblador de nuestros inmensos campos, era el jornalero de las grandes estancias, muy diestro en el arte de dominar y amaestrar el caballo, con el que realizaba los trabajos de ganadería y agricultura.

      Este personaje fue muy castigado por esos literatos que solo veían lo bueno si tenía raíz francesa o sajona. El origen del denominado “gaucho” es incierto y los ensayos para explicarlo son variados. Por ejemplo, Pablo Groussac considera como verosímil y lógico que tal palabra nunca fue dicha no conocida en la península, sino por traslado americano. Es, para él, una de las pocas que no pasó por España antes de implantarse en el Nuevo Mundo. Groussac cree que deriva de la palabra incásica “guacho”, que significa (en un sentido bastante denigrativo) “abandonado, errante, huérfano”. Acepción que, en general, rechazamos.

      Don Félix de Azara, sabio enviado por el gobierno español para poner en ejecución el Tratado de San Idelfonso, marcando los límites entre España y Portugal en sus posesiones sudamericanas, permaneció desde 1781 a 1801 en los diversos territorios del Río de la Plata, levantando mapas, explorando y escribiendo sus luego famosos libros. Gran observador, dejó conceptos que no podemos pasar por alto. Azara, refiriéndose al poblador de la llanura, expresa:

       “No es menos admirable el tino con que prácticos ‘baqueanos’ conducen al paraje que se les pide en terrenos horizontales, sin caminos, sin árboles, sin señal alguna ni aguja marítima, aunque disten cincuenta o más leguas. Además de los dichos, hay por aquellos campos otras castas de gente, llamada más propiamente GAUCHO o GAUDERIOS”.

      El nombre de “gauchos” o “gauderios”, que designaba al principio a estos aventureros de la llanura, comprendió después a todos los hombres de campo dedicados, por lo general, al pastoreo.

      El gaucho fue siempre de tez blanca. Su aspecto tuvo más de árabe que de indio como pretendieron hacernos creer los historiadores al servicio de algo que no tenía nada que ver con nuestro origen. No podemos ignorar que la sangre de los conquistadores españoles fue un factor decisivo en la formación etnológica de cada agrupación, para deducir, con bases fijas de criterio, la importancia ulterior, sus actividades y la influencia que tuvieron en el carácter individual y de conjunto.

      Muchos son los autores que han querido ver en el moro español el origen

       de nuestro gaucho. Esto lo sostienen al ver lo parecido de las prendas de vestir del gaucho y la similitud de los elementos que utilizaron. Vieron en el poncho el albornoz de los berberiscos, y el chiripá les recordaba los amplios calzones de los levantinos. El ancho tirador escamado de monedas, los coloridos y amplios pañuelos y las armas, como la faja que sujetaba el chiripá, se les antojaba orientales; los largos facones (herramienta y arma); las grandes barbas y los amplios calzoncillos bordados los indujeron a caer en ese error.

      Es evidente que todo lo dicho da a nuestro gaucho gran semejanza con los pueblos mahometanos de Oriente. Las particularidades de las prendas de vestir, el tipo físico, el modo de montar, y muchas palabras de origen árabe de uso en la pampa, como “jagüel”, por ejemplo, han inducido al error de dar como probable origen una emigración a esta parte del mundo, de los moriscos españoles. Esto es desechable, porque los moros no vinieron entonces a América. Pero sí vinieron los españoles amoriscados, los jinetes andaluces, aquellos hijos de moros que, al verse en estas dilatadas llanuras, renació en ellos la dormida herencia de sus abuelos, aquellos bohemios soñadores que abandonaron los inmensos desiertos arábigos para conquistar casi toda España a punta de lanza, bajo el fecundo reinado de Isabel la Católica en aquel 1492, dejando con fuerza indeleble, como herencia, su arte y cultura milenaria, que entonces entró en el ocaso.

      Las primeras generaciones nacidas aquí conservaron el carácter belicoso de los expedicionarios de Juan de Garay y Pedro de Mendoza, luchando contra el indio valiente y feroz cuando supo dominar al caballo. De esta lucha surgió el “gaucho”, jinete gallardo y valeroso que conservó, en medio de su rusticidad intelectual, la rectitud de carácter y la nobleza de corazón. El gaucho era de a caballo, honrado

       y valiente hasta la temeridad. Su indómito valor lo transformó en gran guerrero, gestor de la emancipación americana. Hospitalarios, al viajero le dan comida y albergue sin preguntar quién es ni a dónde va.

      El gaucho solo tuvo del indio su astucia, su frugalidad cuando era necesario, su conocimiento del terreno y sus habilidades para el manejo de las armas primitivas. Lo más corriente era que dirigía su “montado” hacia algún rancho de cristianos cuando necesitaba mujer. Los azares de la guerra o la necesidad lo inducían a unirse con la india. A través del tiempo, este solitario de la pampa, que se tornó aislado manteniéndose entre la civilización y la barbarie, se negaba a reconocer la autoridad del Cabildo y menos aún al cacique de la toldería.

      Reacio en general a toda organización, era individualista casi hasta las últimas consecuencias; se puede decir que vivía en comunidad y con otros gauchos en los días de fiesta. Estaba acostumbrado durante siglos al aislamiento y contaba solo con su propio esfuerzo para desenvolverse en su entonces fácil existencia. Le bastaba su habilidad en la caza de animales salvajes en los grandes desiertos verdes, para vivir y procurarse dinero. Fue generoso y desprendido, poco le importó el dinero; poco le importaba “luego de un día de abundancia, una semana de escasez”, “día de mucho, víspera de nada”.

      Los gauchos, por causa de ciertas corrientes filosóficas

       importadas e intereses extranacionales, fueron huérfanos de toda sociedad, unos abandonados de la “civilización”; hoy, con más sutilezas que la experiencia dictó, sucede más o menos lo mismo. Pero el gaucho que regó con su sangre el largo trayecto de la independencia de muchos pueblos de América, fue maltratado por los “historiadores” cuando, después de la independencia, comenzaron en el país los enfrentamientos civiles y él intervino en la vida pública y fue retaceado cuando dio a la historia héroes “tremebundos de una gloria salvaje”, forma habilidosa de reducir la valía de su intervención.

      La personalidad de este maravilloso antepasado fue tan avasalladora que hasta sus más grandes detractores, por formación e influencia extranjera, no pudieron eludir la atracción que sobre ellos ejerció este “paria de la civilización”. Daireaux fue uno de los que rindieron a la postre su homenaje. Domingo F. Sarmiento, que no trepidaba en aconsejar “… y no me ahorre sangre de gauchos”, le rinde también el suyo en Civilización