Название | Lejos de todas partes |
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Автор произведения | Carlos López Degregori |
Жанр | Языкознание |
Серия | |
Издательство | Языкознание |
Год выпуска | 0 |
isbn | 9789972454851 |
me masturbaba
como se riega la curiosidad
o lo invisible.
Siniestra
una caja de cristal
que todavía conservo.
Una impecable educación.
El cabello de mi prima Lucía
tres noches durmiendo una manzana
para hechizar a quién.
Las ciento ochenta perlas del collar de mi madre.
Las tijeras de Ramiro el peluquero.
El pozo.
El siervo.
El sapo.
Demasiado tiempo para escribir pocos poemas
para ser esencial
La poesía abusa del más fuerte.
LOS IRRACIONALES
I
Recorro viejos rostros
reinos
una vida adelante desbordando otro modo de conciencia
En diciembre
hoy resucitado
mes que para mí es una ciénaga
irreal o triste o certero
no sabiendo decir
pero diciendo
te convoco aquí
Y me gustaría una historia personal
un resplandor
que disipe los actos las palabras
Toda biografía es impura
humilla esa intocable adolescencia
y no finjo
no estoy contrito
Ceno temblando
apago el huerto iluminado
Cumplo años
me esfuerzo en cumplir
II
Le faltará fuerza a mi poema
El don del genio A ti lector te faltará
Delinquiremos y siempre quedará pendiente la pregunta:
en qué lugar encerré mi adolescencia
El amor fue blanco
picado de viruela
El amor fue un diente que perdí
y desde entonces
cuando estoy en el corral
o el huerto
contando mis innúmeras hermanas
le ofrezco la mejor
Y no lo hallé entre los mulos
aunque toda la noche vigilé
ni en el huerto
ni en el tizne nupcial de la cocina
y tampoco en la colmena
Ceno temblando
Entierro un diente en el huerto
una hermana
III
Desterrado seas
del huerto del corral
Te multipliques en anónimos testigos
Se te pudra el diente de morder
de succionar
Te remontes al horno
te rechacen
para ti no existe permanencia
nunca te esmeraste en sostenerla
para ti el puro incendio
Pero quise una historia personal
debía cumplir los 32
y me debía el triunfo de un poema
Alumbro muerta la obstinación
la intemperie
y todo destino se disipa
Derrumba esta casa
Lo que no vale la pena es hablar
ESTE REINO INFERIOR
Era sombra lo que había en tu mano cuando me señalaste la cruz pintada en la puerta. Apreté los dientes y pensé que ya no tenía trece años. Ingresaba abruptamente en el reino de los hombres.
Me horroriza escribirte. No cuentan las justificaciones ni el tiempo. Tampoco los años de Emma para mí, un mundo que trabajosamente construimos ajeno a la crueldad y la virtud, un espacio donde todo era cercanía. Emma era hermosa. Poseía un olor que sólo puede hallarse en el centro de los bosques. Pero Emma también era mi madre y hasta he llegado a pensar que nunca tuve padre ni origen.
Fue cuando nos mudamos a tu quinta: una casa azul de tres habitaciones con baldosas amarillas desgastadas. No pasabas de ser un inquilino más pero los vecinos te temían. Te paseabas como un gallo entre las brasas controlándolo todo. Tenías un gato y una armónica que soplabas con tristeza algunas noches.
Nos observaste inmóvil cuando entramos. Sentí tus ojos grises clavados en los de Emma y por un instante me pareció que la volvías transparente y robabas su sangre y su linfa. Hay mucho en esta historia que tendrás que adivinar. El tiempo me confunde. Creo que me estoy volviendo imperfecto. Poco después apareció una cruz pintada en la puerta y alguien arrojó un gato muerto en la casa. Era sombra lo que crecía en mi mano, demasiada tal vez.
Emma cambió. Me condenó a una impecable inexistencia, deambulando siempre del cuarto a la cocina, fingiendo inútiles palabras. Yo temblaba pensando que una esencia vital se me escapaba, un equilibrio en el espacio y el tiempo irrecobrable para siempre. Así nací para el poema. Así nació, también, mi pasión por las navajas. He reunido treinta de diversas formas y colores, algunas con grabados e inscripciones, pero todas de una frialdad infinita.
Tiendo a poetizar, a creer en lo que no existe. Nunca necesité verlos juntos, tampoco leer las notas que se enviaban. Y me pasé años escuchando sus gemidos, las uñas clavándose con furia. El amor es blanco, escribía, picado de viruela, el amor es un diente que perdí. Y desde entonces cada perro en la calle, el zumbar de una mosca, cada acto mínimo, cotidiano, me devuelve a ustedes.
Todo debe sucedernos. Un día desapareciste. Emma ni siquiera te buscó. Me acostumbré a su mutismo, a su sueño intranquilo. Comenzó a roncar y fue arrastrada por una pasión de limpieza. Despertaba canturreando, limpiaba mil veces la tina, el bidet, lavaba los platos hasta que aparecían grietas sangrantes en sus manos. Años después murió. La artritis y una dulce arterioesclerosis le concedieron el perdón.
Todo, absolutamente todo, debe sucedernos. La poesía me hizo sucio con los años. Mucho olvidé, pero siempre me acompañó la sombra en la mano. Por eso, cuando te vi por casualidad la otra tarde, te seguí hasta tu casa. No has cambiado. Tú no tienes edad. Estás más pobre, abandonado a los reinos inferiores.
Desnúdate
Ha llegado tu hora
Haz que de alguna manera me conmueva
Acabo de grabar una cruz en la puerta y te estoy esperando con la mejor de mis navajas.
LA PIEDRA EN LA CABEZA
Lo primero es la pasión. Repetir el amor hasta destrozarnos en el cuarto y después dejar que la oscuridad nos adormezca. Tú apagarás la lámpara y por un momento pensarás en la araña que no quisiste matar y por un momento en los ojos