101 cuentos sanadores. Susan Perrow

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Название 101 cuentos sanadores
Автор произведения Susan Perrow
Жанр Сделай Сам
Серия Colección Vivir con niños
Издательство Сделай Сам
Год выпуска 0
isbn 9788412322132



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acompaña el cuento.

      • Utilizarlos para jugar con tu hijo mientras le relatas el cuento.

      • Utilizarlos para contar el cuento a un grupo de niños (en un teatrillo de mesa con muñecos de pie).

      Ninguno de estos enfoques implica que se deban comprar en una juguetería. Al contrario, se produce magia y cobra mucho sentido cuando en el cuento se utilizan objetos hechos en casa: un sombrero de fieltro para un elfo o duende “ayudantes”; un escudo de madera pintado como “protección” para un niño que ha sido intimidado; un colgante con forma de estrellita para ayudar a vencer el miedo a la oscuridad.

      Asimismo, al utilizar esos objetos sencillos que encontramos en la naturaleza, se llenan de magia, de sentido: una caracola color perla para ayudar a escuchar al niño que no para de hacer ruido; algunos frutos de eucaliptos, semillas y vainas de semillas para utilizarlos como enanitos en los teatrillos; un cristal reluciente como amuleto de la buena suerte. Te animo a que recojas lo que la propia naturaleza te ofrece, tanto para inspirarte a la hora de escribir el cuento como para utilizarlos en tu relato: barcos de hojas, conchas, nueces, bellotas, plumas, trozos de madera que deja el mar en la playa; incluso una viruta de madera en bucle serviría. Los diseños, formas y texturas que se encuentran en la naturaleza ofrecen ideas ilimitadas tanto para elegir los temas de los cuentos como para utilizarlos como accesorios de los mismos.

      Cuando estaba escribiendo este libro, me plantearon una pregunta inquisitiva: “¿Cómo podemos saber si un cuento es sanador o manipulador?”. En aquel momento estaba impartiendo un taller en Beijing y la madre que planteó la pregunta se armó de valor para compartir que se sentía culpable debido a un cuento que se había inventado recientemente. Nos contó que, como deseaba disfrutar de una comida tranquila a solas con su marido, le pidió a su hija de cuatro años que se fuera a ver la televisión a la habitación de al lado; al ratito, la niña se quejó porque uno de los personajes del dibujo animado le daba miedo. La madre, inspirándose en la vaca que tenía la niña en la camiseta, se inventó un cuento sobre una vaca que protegía a una niña de sus miedos y la envió de vuelta a ver la televisión, pero, diez minutos después, la niña volvió y dijo a sus padres: “¡La vaca no me está ayudando!” y, entonces (¡afortunadamente!), apagaron la tele y la niña se sumó a la comida de sus padres.

      Este ejemplo plantea cuestiones éticas y exige que examinemos las razones que nos mueven a escribir cuentos para nuestros hijos.

      El diccionario de la lengua inglesa Oxford English Dictionary, al igual que otros diccionarios en otras lenguas, define la palabra “manipulador” (adjetivo) en relación a otras personas: “que ejerce, sin escrúpulos, control o influencia sobre una persona o situación”. Aquí se acentúa el contraste con la definición de “sanador” que se presenta al comienzo de este capítulo: “devolver la salud, recuperar el equilibrio, volver a recuperar completamente el estado saludable”.

      Si mantenemos nuestra premisa de que los cuentos terapéuticos “ayudan en el proceso de devolver el equilibrio a un comportamiento o situación en desequilibrio”, esto nos da la clave para la primera pregunta que debemos hacernos antes de empezar a escribir nuestros cuentos, es decir: “Para empezar, ¿hay algo fuera de equilibrio?”. Si no es así, entonces lo más probable es que estemos intentando manipular un comportamiento o situación en vez de ayudar a sanarlo. En el ejemplo anterior, la niña no presentaba ningún desequilibro, puesto que es natural que un niño se asuste con las imágenes terroríficas de la televisión; el desequilibrio se encontraba en las intenciones de su madre, que, por suerte, tal como compartió en el grupo, se dio cuenta y aprendió de la experiencia.

      Del mismo modo, un cuento escrito con la intención de incitar a un niño a que “alcance de un salto” su propia fase de desarrollo podría entrar en la categoría de “manipulación”: sería el caso, por ejemplo, de un cuento que abordara el tema de orinarse en la cama por la noche y que estuviera dirigido a niños de dos años y medio; también se hablaría de manipulación si se utiliza el cuento para alentar el estudio o la práctica intensa de un instrumento musical o de un deporte para niños demasiado pequeños para soportarlo. Por lo general, no surten ningún efecto porque, desde el punto de vista de su desarrollo, el niño no está preparado para “cambiar”. Te sugiero, por consiguiente, que antes de sentarte a escribir cuentos “sanadores” investigues sobre las edades y las fases de desarrollo de los niños (físicas, emocionales, sociales, intelectuales).

      Sin embargo, muchos cuentos infantiles, entre los que se encuentran los mitos y leyendas tradicionales pertenecientes a la cultura y los cuentos de hadas, están escritos de manera generalizada, no para un niño específico cuyo comportamiento se encuentra en desequilibrio. Los valores esenciales de esos cuentos —normalmente, algún tipo de cambio de un comportamiento o situación indeseable a uno más deseable— tienen el propósito de “formar el carácter”; constituyen, por lo tanto, una fuente de valores y principios éticos que nos sirven de guía, a padres y maestros, para “educar” a nuestros niños.

      Por la misma razón, los cuentos de este libro, aunque están escritos para situaciones específicas, pueden igualmente tener un uso general, puesto que las resoluciones son transformadoras y apelan al propio deseo de cambiar del propio niño; por otro lado, han podido transformar el comportamiento indeseable más variado en uno más adecuado, y, además, el apasionado oyente puede aprender lecciones valiosas para la formación del carácter al seguir el desarrollo imaginativo de estos cuentos.

       Si estás interesado en escribir cuentos para niños, ahí está, en mi opinión, la clave para la segunda pregunta que debes plantearte antes de planificar el argumento: “¿Fomenta los valores esenciales?”. Si la respuesta es afirmativa, sabremos que no se trata de un cuento manipulador, sino que va a servir para guiar el desarrollo del niño hacia una dirección positiva y beneficiarlo.

      Como creadora de cuentos, me gusta mantener vivos aquellos cuentos especiales que me voy encontrando y los que yo misma escribo, y es por esta razón que disfruto compartiéndolos con los demás. Reconozco que, dependiendo de la situación específica que se esté abordando, algunos cuentos necesitarán posiblemente una ligera adaptación.

      Si en este libro encuentras algún ejemplo que encaja con la situación que estás abordando, pero necesita algunos cambios, no dudes en recurrir a la “licencia poética”, pero procurando siempre mantener la integridad del cuento. (Nota: en mi primer libro, Cuentos sanadores. Una ayuda…, he reflejado detenidamente la importancia de salvaguardar la integridad del cuento, especialmente cuando se trata de los cuentos de hadas).

      En lo que respecta a mis cuentos, en este libro presento algunos que he adaptado de cuentos clásicos: “El hipopótamo acalorado” (página 126), “El árbol de las reverencias” (página 149) y “Las gorras del vendedor ambulante” (página 175). A continuación, muestro otros ejemplos de cuentos modificados.

      MODIFICACIONES EN EL CUENTO DEL WOMBAT

      Hace poco una señora me envió un correo electrónico sobre un cuento que animó a su hijo a dormir en su propia cama. Había asistido al taller que impartí en Singapur, donde una amiga suya había inventado un cuento sobre “wombats” y, aunque ese cuento fue escrito con otra intención (para destetar a un niño de tres años y medio —véase “La familia wombat”, página 146—), la madre pensó que también podría ayudarle en su situación (desapegar a un niño de casi tres años de la cama de sus padres para que durmiera en la suya). De este modo, hizo unas pequeñas modificaciones, se lo contó a su hijo y me escribió para decirme que “¡Había obrado maravillas en su hijo!”.

      Otra