Название | El pequeño doctor |
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Автор произведения | Alfred Vogel |
Жанр | Сделай Сам |
Серия | |
Издательство | Сделай Сам |
Год выпуска | 0 |
isbn | 9783906404370 |
Ardor de estómago
El ardor de estómago o pirosis gástrica se manifiesta en forma de sensación de quemazón en el estómago y de eructos ácidos repetidos. Contra este trastorno disponemos de remedios sencillos y eficaces, incluso hasta cuando la sensación de acidez sube hasta percibirla en la boca. Un remedio que nos puede ayudar mucho es la patata. Se ralla una patata cruda lo más finamente posible y se exprime. El jugo obtenido se rebaja con agua caliente en una cantidad dos o tres veces superior. Deberá tomarse siempre recién preparado: en ayunas por la mañana, antes de la comida del mediodía y, por la noche, antes de acostarse. Este jugo no se debe dejar reposar ni conservar mucho tiempo. Si con este procedimiento no desaparece totalmente el ardor, se puede tomar una cucharadita de ceniza de madera (carbón vegetal medicinal) con un poco de agua tibia después de las comidas; para ello, se vierte el agua tibia sobre la ceniza, se remueve y se toma, acto seguido, toda la mezcla. En vez de ceniza también puede triturarse carbón de madera, preferiblemente de tilo; se mezcla con un poco de agua, copos de avena o cualquier otro cereal y luego se ingiere todo junto. El remedio es fácil de tomar y suele neutralizar la acidez. Si no se desea ingerir la ceniza, se vierte sobre ella agua caliente, se deja reposar un poco, luego se filtra con un paño y se toma el agua resultante, con lo que los resultados también suelen ser buenos. Otro buen remedio para neutralizar el exceso de acidez en el estómago es la arcilla medicinal tomada con un poco de agua. Si no disponemos de ella, nos pueden sacar momentáneamente del apuro un par de sorbos de leche cruda. Así mismo, los copos de avena crudos, masticados en seco y bien ensalivados pueden producir el mismo efecto y son preferibles y menos problemáticos que tomar bicarbonato sódico. Para conseguir un resultado más profundo, estable y duradero, y que el jugo gástrico vuelva a segregarse con normalidad, es indispensable seguir una dieta más suave con poca sal y evitar los productos de repostería, el azúcar blanco y los condimentos fuertes. Otro buen remedio para estos casos es la centaura menor en forma de infusión o de extracto.
Si estos remedios no solucionan el problema de forma totalmente satisfactoria, pudiera ser que la acidez estuviera provocada por trastornos en la vesícula biliar o por lombrices intestinales. En tales casos hay que combatir directamente estas causas.
Úlceras de estómago
Para combatir este trastorno, la toma regular de los jugos de patata y col durante unas semanas o meses, en crudo, puede resultar más efectiva que algunos medicamentos patentados y caros. El tratamiento consiste en tomar tres veces al día, antes de las comidas, el jugo de una patata de pequeño tamaño y, por lo menos, medio decilitro de jugo de col, también tres veces al día, en la sopa o después de las comidas. Para poder conseguir una verdadera curación, conviene tomar también carbón vegetal (tal como se expone en el apartado anterior) y seguir un régimen alimenticio adecuado. Si vamos a añadir estos zumos crudos a la sopa, hay que hacerlo en el plato y no cuando se está cocinando.
Trastornos del hígado
Si no toleras bien los dulces ni los fritos ni las comidas grasientas es señal de que tu hígado no trabaja lo suficientemente bien y, por lo tanto, conviene que estés alerta. Tomados en pequeñas cantidades, los rábanos actúan beneficiosamente sobre el hígado. No así si nos excedemos en su consumo. No hay que tomar más de una cucharadita de jugo de rábano al día.
También el jugo de zanahoria recién obtenido actúa de forma favorable en los trastornos hepáticos. Quien no disponga de una licuadora puede tomarlas crudas, finamente ralladas. Incluso ante un trastorno hepático grave, una dieta de zanahorias de uno o dos días de duración puede obrar milagros. Para reforzar el efecto favorable del zumo de zanahoria, se tomarán ensaladas a base de endivias, diente de león u otras plantas amargas indicadas para estos casos.
Para que el hígado se restablezca pronto y cesen los vómitos de bilis hay que evitar las comidas grasientas, fritos, dulces y, en estos casos también, las frutas y los zumos de frutas.
Dieta para el hígado
Para disponer de una buena dieta para el hígado, conviene seguir las siguientes recomendaciones:
Desayuno: un vaso de zumo de zanahoria, una tostada o pan crujiente sueco con muy poca mantequilla o con extracto de levadura, junto con una cucharada sopera de germen de trigo.
Comida: sopa de verduras, arroz integral o patatas cocidas con su piel, junto con una ensalada de hortalizas crudas (endivias, zanahoria u otras hortalizas frescas, preferentemente de sabor amargo). Completaremos el menú con verduras cocidas al vapor. En cambio, evitaremos cualquier tipo de fritura y postre dulce.
Para hacer una dieta variada, podemos seguir el siguiente plan: Primer día: arroz integral, bulbos de hinojo y ensaladas diversas. Segundo día: patatas cocidas con su piel, un poco de requesón, un poco de mantequilla fresca y ensaladas diversas. Tercer día: sopa de verduras, bocadillo o sándwich de pan integral o pan crujiente sueco untado con un poco de mantequilla y un poco de extracto de levadura y unas rodajas de cebolla, ajo y tomate, junto con ensaladas diversas. A media tarde: «café» (malta) de cereales malteados con un poco de leche, pero sin azúcar.
Cena: sopa de avena, cebada o arroz integral con algo de verdura. Ensaladas diversas aliñadas con zumo de limón o con leche fermentada, pero nunca con vinagre. Para variar, podemos recurrir a un bocadillo con un plato de ensalada y tomar un poco más tarde una taza de café a base de cereales con poca leche.
Mientras duren los trastornos hepáticos hay que evitar completamente el consumo de fruta.
Inflamación de la vesícula biliar
Cuando la vesícula biliar está inflamada, vamos a combatir los dolores más intensos con aplicaciones de compresas de leche fría, hasta que el médico (el «gran doctor») pueda ocuparse detenidamente de este trastorno. Si la inflamación es muy aguda hay que ir cambiando a menudo dichas compresas. Para ello, basta con sumergir un paño de pequeño tamaño en un recipiente con leche fría y colocarlo luego sobre la zona dolorida. La compresa pierde su efecto sedante cuando el calor corporal emitido la calienta, momento en que hay que cambiarla por otra nueva. En inflamaciones vesiculares no demasiado intensas, la acción sedante de la compresa de leche puede ser suficiente para hacer desaparecer la inflamación a las pocas horas. Si por el contrario la inflamación es muy intensa, se requiere una atención más continuada y algo de paciencia.
Indisposición y espasmos
Cuando se ha comido demasiado o se padecen espasmos intestinales por un mal funcionamiento o por sobrecarga del páncreas, resulta una buena ayuda la aplicación de chorros de agua muy caliente sobre el vientre. Esta ducha local caliente debe durar entre diez y quince minutos, hasta que la piel de la pared abdominal tratada haya enrojecido intensamente. Si la práctica de esta ducha local resulta complicada de realizar, también se conseguirá un buen resultado con la aplicación de compresas húmedas muy calientes. Se aplica, acto seguido, una compresa de cebolla cruda finamente picada o de hojas de col bien machacadas. Con ello se pueden combatir las fermentaciones intestinales y los espasmos, y se puede conseguir pronto una agradable sensación de alivio. Los alimentos que se tomen deberán ser bien masticados y ensalivados. Si estos remedios no surten efecto, conviene acudir entonces al «gran doctor», es decir, al médico, para descartar o tratar adecuadamente una eventual perforación solapada de